Desde los años 90 han existido diferentes proyectos y planes para prolongar el Paseo de la Castellana de Madrid hacia el norte, conocidos popularmente como “Plan o Operación Chamartín”, proyectos que suponían una inversión global de aproximadamente 4.200 millones de euros en la ejecución de infraestructuras públicas. Dentro de esta gran actuación, donde interactúan diferentes visiones y disciplinas, uno de los campos importantes a analizar es el estructural, tanto por sus implicaciones constructivas y de afección a los diferentes usos de la ciudad y ferrocarril como por su coste.
Tras las nuevas activaciones del Plan en 2014 y 2017, las zonas a cubrir se situaban al sur y norte de la estación y correspondían con las delimitadas por las líneas del Sistema General Ferroviario con una superficie total de cubrición de casi 300.000 m². La estructura de cubrición está formada por una serie de pórticos prefabricados, perpendiculares a las vías y situados cada 8 o 10 metros, formados por vigas prefabricadas apoyadas en pilas-pilote, y sobre las que se apoyan placas alveolares prefabricadas con su correspondiente capa de compresión. El posicionamiento de las pilas se ha realizado respetando los gálibos horizontales y previendo la futura modificación de la playa de vías que se va a desarrollar en los próximos 5 años por el ADIF. En las zonas en que ha sido posible, también se ha evitado la interferencia con postes de catenaria, con el objeto de interferir mínimamente con el tráfico ferroviario.
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